¿POR QUÉ NO VALORAMOS LO QUE TENEMOS HASTA QUE LO PERDEMOS?

Quizás algún día comprendas lo increíble que era y cuando ese día llegue…
tal vez ya esté caminado al lado de quien se dio cuenta de eso antes que tú…

Al hablar de este tema, voy a tratar de responder a una pregunta famosa, que seguramente nos hemos hecho, la hemos escuchado o visto, millones de veces. Me parece algo interesante tratar sobre este tema, porque creo que a todos nos ha pasado en algún momento y echamos de menos algo que ya no tenemos y es entonces, cuando, en realidad nos damos cuenta del valor que tenía.

¿Por qué valoramos las cosas hasta que las hemos perdido?
Esta es la pregunta sobre la cual he decidido hablar hoy, reflexionando un poco para poder entender o hablar sobre la costumbre que tenemos los seres humanos, o quizás también los animales. Nos damos cuenta de que teníamos
algo importante para nosotros, en ocasiones prácticamente, algo esencial, pero lo valoramos solamente cuando lo hemos perdido. Creo que esta situación es para mí y para la mayoría un error, deberíamos darnos cuenta antes, cuando lo teníamos, no cuando lo hemos perdido y ya es demasiado tarde.

Estamos tan acostumbrados a ciertas cosas, que damos por un hecho que forman parte de nosotros.

Es decir, la costumbre de tener siempre algo, hace que no nos demos cuenta de lo importante y valioso que es tenerlo. Al perderlo, reaccionamos en muy poco tiempo, pero ya no hay vuelta atrás. En algunos casos no habrá alguna posible solución, en otros casos sí que las hay, pero ¿por qué nos damos cuenta tarde?.

Lo más probable es la costumbre al estar tan habituados con algo, es lo que hace que no nos paremos a pensar lo importante que ese algo, o alguien, es para nosotros, y lo difícil que sería no tenerlo.

No nos damos cuenta de lo que tenemos hasta que lo perdemos, porque hasta ese entonces no nos percatamos que aquello que ya no tenemos lo necesitamos, como he dicho anteriormente.

Habrá quiénes no piensen como yo, y crean que no sea la costumbre, la respuesta más adecuada a esta pregunta, pero no visualizo otra solución.
Valorar las cosas de la vida, y a la pareja a tiempo, es una de las tareas más importantes en nuestras vidas. Pero por infortunio, no cumplimos con estos deberes básicos de amor y gratitud.

Somos desagradecidos e inconformistas hasta el punto de perder lo que más queremos en la vida.
Estamos siempre demasiado ocupados  preocupándonos por todas las cosas que en algún momento tuvimos (y no supimos apreciar) y que ya hemos perdido. Pensamos que tenemos derecho a todo lo que poseemos y nunca apreciamos nada de verdad, hasta que ya no nos pertenece.

Una familia, salud, amigos, una persona especial, un trabajo, una casa, un objeto, son cosas que consideramos un derecho no una bendición. Solamente cuando perdemos alguna de estas cosas nos damos cuenta de lo realmente importante que eran para nosotros. ¿Por qué no podemos parar un momento para analizar nuestra vida y ver la cantidad de riqueza que nos rodea?.

Es triste e irónico que nunca estemos contentos con lo que poseemos. Desde pequeños soñamos con hacernos grandes y cuando somos maduros haríamos cualquier cosa para ser niños otra vez. Lo daríamos todo para tener dinero y perdemos horas y horas trabajando, olvidamos cuidarnos, olvidamos comer y descansar. Enfermamos y luego perdemos todo el dinero que ganamos con esfuerzo, intentando recuperar la salud que teníamos antes de haber empezado a trabajar.

Es irónico, como siempre soñamos con un amor verdadero, lo hacemos todo para conseguirlo, lloramos, rogamos, pedimos tener a alguien especial en nuestra vida y cuando ya lo tenemos, comenzamos a ignorar a la persona que nos lo ofrece. Nos da tanta pereza decir “te amo” hasta que ya no hay nadie a nuestro lado para escuchar esas palabras. Es triste como vivimos siempre en el pasado; tememos el futuro pero olvidamos existir en el presente.

Vivimos cada día una rutina y nunca pensamos en disfrutar y apreciar cada instante como si fuera el último y antes de morir nos damos cuenta de que en realidad ni siquiera vivimos todo lo que nos habría gustado. Hay que aprender que la felicidad no significa obtener todo lo que uno quiere, sino reconocer y apreciar lo que sí se tiene. Llegará el momento en el que tendremos más y podremos disfrutarlo, pero mientras tanto ama, disfruta y sé feliz por todas esas cosas que son parte de tu vida y recuerda que hay otras personas que son felices con mucho menos.

Vivimos en un país marcados por dos estaciones: invierno y verano. Quiero mucho el verano, pero no sé si sería así, si no tuviéramos el  invierno que tenemos todos los años. Es decir, creo que amo el calor, de la manera que lo amo, únicamente, porque sé lo que es el frío.

Lo mismo me pasa con todas las cosas de la vida. Valoro mi tiempo libre y las vacaciones únicamente, porque sé lo que es estar del otro lado. Sé lo que es trabajar la mayor parte de mi tiempo y por eso le tengo tanto aprecio a los minutos en que puedo hacer lo que quiera y lo que me gusta. Ver películas, tomar sol, dormir, salir sin límites; pero vivir así por siempre, no es algo que quiero para todos los días.

Aunque los días en que estoy trabajando, me siento muy cansada y lo único que quiero es ir a tu cama, son necesarios para dar el valor a los momentos de descanso que disfruto tanto.

En mi experiencia, esto se puede aplicar a todas las áreas de la vida. Valoro la compañía de unos amigos y de familia incondicional, pero a veces, nuestra felicidad, depende solo de nosotros mismos. Hay que tener cuidado, porque a fin de cuentas, estamos solos en este mundo. Valoro el estar en pareja, únicamente, cuando estuve mucho tiempo soltera y me conocí completamente a mí misma. Quiero a mi familia y a mi casa como nunca, cuando me
voy de viaje por algún tiempo. Valoro la luz solo cuando tengo oscuridad. Valoro la felicidad solo cuando sé lo que es la tristeza.

En términos más comunes, nunca me gustó tanto el gallo pinto que cuando volví a comer, después de un año de viaje, sin comerlo. No valoré el sentirme bien de salud, hasta que estuve enferma quince días, después de una caída iniciando mi carrera en educación. Lo que quiero decir es que aunque no sean las mejores sensaciones del mundo, el frío, el aburrimiento, la soledad, la tristeza, la oscuridad, el hambre, y todas esas cosas “malas de la vida”, son, en realidad, males necesarios, que existen con un propósito y una razón: “Hacernos valorar todo lo bello que hay en nuestro alrededor.”

Estimados Padres de Familia y Docentes, enseñen a sus hijos y a sus estudiantes a apreciar lo que tienen, antes de que el tiempo les enseñe a apreciar lo que en algún momento tuvieron.

De esta forma “JUNTOS SEGUIREMOS ABRIREMOS CAMINOS HACIA EL PROGRESO”.

Con mucho aprecio y que Dios los bendiga
La directora

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